La Mezquita de Almonaster la Real: un tesoro andalusí único en el mundo rural
En la villa encastillada de Almonaster la Real, asentada sobre un altozano que domina de forma panorámica todo el entorno serrano, se conserva uno de los monumentos más singulares de la arquitectura andalusí en España. El recinto fortificado, que durante siglos ofreció protección a la población en tiempos de inestabilidad, acoge en su interior una mezquita que, tras la conquista cristiana del territorio, fue transformada en ermita bajo la advocación inicial de Santa María, Nuestra Señora de la Concepción. La mezquita, además de estar abierta al culto, está integrada en un conjunto que comprende el oratorio, una antigua fortaleza musulmana, y anexa una plaza de toros que aprovecha los muros de esta fortaleza. Se trata de un conjunto histórico y artístico con un valor excepcional, por integrar la única mezquita andalusí que se ha mantenido casi intacta en España dentro de una zona rural. Conserva hasta nuestros días la sobriedad y el recogimiento propios de estas construcciones. Contiene elementos romanos, califales y cristianos y fue declarada Monumento Histórico-Artístico el 3 de junio de 1931.

Este espacio amurallado actuó como núcleo habitado durante la Alta y la Baja Edad Media, un refugio seguro en un territorio fronterizo. Con el paso del tiempo, y gracias a la nueva estabilidad geopolítica que siguió a la incorporación del territorio al Reino de León, la población creció y comenzó a extenderse hacia el valle, dando lugar al actual caserío de Almonaster la Real, que hoy se despliega a los pies del cerro como una prolongación natural de su historia.

La Mezquita de Almonaster la Real es, sin duda, el monumento más emblemático del municipio y uno de los testimonios arquitectónicos más valiosos de la Sierra de Aracena. Se estima que su construcción tuvo lugar en el primer tercio del siglo X, periodo al que se atribuye su mihrab, considerado uno de los más antiguos conservados en la península ibérica.

Su planta no es estrictamente rectangular, sino trapezoidal, según dicen por movimientos del terreno a lo largo del tiempo, con la estructura típica de un edificio de culto islámico. En él se distinguen los dos espacios principales, el patio de las abluciones y la sala de oraciones. Esta sala de oraciones o haram tiene cinco naves de anchura desigual, con arcadas como en la mezquita de Córdoba que discurren transversales a la alquibla. La nave central es más ancha que las dos siguientes, y estas a su vez más anchas que las dos exteriores. Los tramos que dan a la puerta sur son más anchos que los otros. El patio con el sahn (patio de las abluciones) está parcialmente excavado en la roca.

La singularidad del edificio se refuerza por estar construido con ladrillo, sillares de granito y mampostería, usando numerosos elementos reutilizados para su construcción procedentes de edificaciones más antiguas: columnas, capiteles y sillares de época romana (siglos I y II), un cimacio visigodo, un cancel de iconostasis también visigodo, el dintel de la entrada o el ara que hoy sirve como mesa de altar. Los arcos están fabricados con ladrillo y reposan sobre sus soportes, algunos son fustes de columnas y otros son pilares de piedra. El mihrab es un habitáculo profundo hecho de ladrillo y piedra, de apariencia arcaica, que ha perdido su revestimiento y estuvo tapiado durante su etapa de uso como ermita.

Estas piezas, integradas con naturalidad en la estructura islámica, forman parte de los restos paleocristianos hallados en el templo y revelan la continuidad de ocupación del cerro desde la Antigüedad.

A partir de la segunda mitad del siglo XIII, los pobladores cristianos procedentes del norte, vinculados al Reino de León, se asentaron en el cerro del castillo y adaptaron la antigua mezquita a las necesidades del culto cristiano. Levantaron un ábside en el muro este de la edificación y consagraron el templo bajo la advocación de Santa María de la Concepción, convirtiéndolo en la parroquia del nuevo núcleo poblacional. Esta transformación, realizada en la primera mitad del siglo XVIII, empleó materiales y técnicas propias del románico y del mudéjar, tiene restos de pinturas murales de esa época y una sacristía adosada. Además, en el lado oeste le abrieron un pórtico, cambiando su eje de musulmán a cristiano. Estas modificaciones no borraron la esencia del edificio islámico, que siguió conservando su planta, su mihrab y buena parte de su estructura original, convirtiéndose en un ejemplo excepcional de continuidad arquitectónica entre culturas.

En 1975, el arquitecto Alfonso Jiménez llevó a cabo una restauración integral que permitió consolidar la estructura, recuperar elementos ocultos y garantizar la conservación del conjunto. Gracias a esta intervención, la mezquita-ermita de Almonaster la Real se presenta hoy como un monumento único, donde conviven la memoria romana, la espiritualidad visigoda, la arquitectura califal y la tradición cristiana, en un paisaje serrano que realza su valor histórico y simbólico.
