El Castillo Calatravo de Alcaudete en Jaén
Dominando el horizonte desde su atalaya natural, el Castillo Calatravo de Alcaudete se alza como una de las fortalezas medievales mejor conservadas y más bonitas de Andalucía. Su presencia, imponente y silenciosa, resume siglos de tensiones fronterizas, estrategias militares y vida conventual. No es solo un monumento, es un relato de piedra que explica cómo se construyó, defendió y transformó la frontera entre los reinos medievales de Castilla y Granada.
El Castillo de Alcaudete es uno de los mejores ejemplos del poder que tuvo la Orden de Calatrava durante la Edad Media. Es uno de los edificios defensivos mejor conservados de la provincia de Jaén. En su interior alberga el Centro de Interpretación de la Orden Militar de Calatrava. Fue construido sobre un alcázar almohade y conserva los adarves o ronda de guardia en forma de pasillo foso que permite el acceso a las seis torres que defienden las murallas. Tiene planta poligonal con murallas y torres de mampostería. Destacan la gran Sala Capitular, donde vivían los monjes calatravos, las caballerizas y la imponente torre del homenaje, su punto más alto. Fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1985.
El acceso se realiza a través de dos puertas, la principal, defendida por dos torres de esquinas redondeadas o a través del postigo o puerta falsa, de dimensiones más reducidas y que actualmente está cegado, defendido por la Torre del Reloj.
Una vez en su interior se accede a un pasillo-foso fortificado, configurado por las murallas del propio castillo y otros lienzos que intentan aislar y defender la zona central del castillo, donde se localizan los elementos más importantes de la fortificación, la torre del homenaje, el refectorio y el cuerpo de guardia.
En su interior se encuentran varios aljibes, el primero situado en las proximidades de la puerta principal, en la parte inferior del cuerpo de guardia y el segundo junto a las caballerizas, un edificio situado en el lienzo meridional, de forma rectangular, con el refectorio o sala capitular en el nivel superior.
Un enclave estratégico en la frontera del Medievo
Durante buena parte de la Edad Media, Alcaudete fue un punto clave en la línea divisoria entre dos mundos. La antigua fortaleza islámica que coronaba el cerro fue conquistada por Castilla en el siglo XIII, pero su valor estratégico no hizo más que aumentar con el paso del tiempo.
Tras la conquista cristiana de Alcaudete en 1246 fue adjudicada a la Orden Militar de Calatrava, en 1300, que emprendió una profunda transformación: el castillo dejó de ser solo una fortaleza militar para convertirse también en un convento fortificado, un espacio donde convivían la disciplina religiosa y la preparación para la guerra. Formó parte del cinturón de defensa que el Rey Fernando III el Santo encomendó para la protección de la frontera occidental del Reino de Jaén frente al Reino Nazarí de Granada.
Las murallas se reforzaron, las torres se elevaron y se construyeron nuevas dependencias destinadas a la vida cotidiana de los caballeros calatravos. Desde este punto, se vigilaban los movimientos en la frontera, se organizaban campañas y se administraba un territorio que vivía en permanente tensión.
Arquitectura que habla: torres, murallas y estancias
El visitante que hoy recorre el castillo encuentra un conjunto sorprendentemente completo. La Torre del Homenaje, robusta y solemne, marca el corazón defensivo del recinto. A su alrededor se despliega un sistema de murallas y torres que revela la evolución de la fortaleza a lo largo de los siglos, desde los restos de la estructura islámica original hasta las ampliaciones cristianas que reforzaron su carácter militar.
En el interior, las estancias restauradas permiten imaginar la vida cotidiana de la comunidad calatrava. El refectorio, las cocinas, los dormitorios y las salas de reunión muestran un equilibrio entre austeridad monástica y funcionalidad castrense. No era un castillo pensado para la ostentación, sino para resistir, organizar y perdurar.
La vida en un castillo-convento
Pocos lugares ilustran tan bien la dualidad de las órdenes militares como Alcaudete. Aquí, los caballeros no solo entrenaban y vigilaban la frontera; también seguían una estricta regla religiosa. Las jornadas combinaban oración, trabajo y preparación militar. La capilla, situada en una de las zonas más protegidas del recinto, recuerda que la espiritualidad era tan importante como la espada.
Este equilibrio entre fe y guerra marcó profundamente la identidad del castillo. Cada piedra parece contener la tensión entre el silencio del claustro y el estruendo de la frontera.
Un castillo que renace
Tras siglos de abandono parcial y transformaciones, el castillo ha experimentado en las últimas décadas un proceso de recuperación ejemplar. Las intervenciones arqueológicas y arquitectónicas han permitido consolidar estructuras, reconstruir espacios y dotar al conjunto de un discurso museográfico claro y atractivo.
Hoy, el Castillo Calatravo de Alcaudete es un espacio vivo: acoge visitas guiadas, recreaciones históricas, actividades educativas y eventos culturales que devuelven al recinto su papel como centro neurálgico del municipio. Desde sus murallas, las vistas de la campiña jiennense ofrecen un recordatorio visual de por qué este lugar fue tan codiciado durante siglos.
Un viaje al corazón de la frontera medieval
Visitar el castillo es adentrarse en un capítulo fundamental de la historia andaluza. Cada sala, cada torre y cada tramo de muralla invita a reflexionar sobre la complejidad de la convivencia entre culturas, la importancia de la defensa territorial y la vida cotidiana en un mundo marcado por la incertidumbre.
El Castillo Calatravo de Alcaudete no es solo un vestigio del pasado: es una lección viva sobre cómo se construyó la identidad de un territorio que, aún hoy, conserva en su paisaje las huellas de aquella frontera.